¿Qué tal un cuentecito para estas noches de verano?
10/07/12
La historia de Mëria, Sämael y el Dragón (versión cuidada)
Había
una vez en un tiempo remoto y reino lejano un pequeño caballero que aspiraba a
ser el más fuerte de todos. Entrenaba mucho día y noche y aunque demostraba su
valía, los que le reconocían o lo hacían bajo el manto de la misericordia o sin
descaro se burlaban de él.
Pasó
mucho tiempo y el caballero siguió con su deseo de ser fuerte, pero torneo al
que iba, torneo que siempre pese al esfuerzo no conseguía destacar y ser el
favorito de entre los nobles ni menos ganar la mano de princesa alguna.
Por
aquellos días llegó al reino en el que habitaba una noticia. En otro lugar más
allá de donde su vista alcanzaba a ver, un castillo estaba siendo asediado por
un dragón, el cual había hecho presa a la princesa del lugar y como animal
igualmente noble como igualmente caprichoso, se le antojó la idea de que solo
se iría de allí si algún caballero le demostraba ser digno de su fuerza.
Entonces
nuestro joven caballero, de nombre Sämael se interesó por que por una vez
puede incluso si era un dragón, alguien estaba interesado en cumplir de alguna
manera el mismo sueño que él, así que se puso en marcha.
A
medida que se acercaba a ese reino, llamado Túriel, en cada posada le llegaban
rumores más que extraños acerca del dragón y el asedio de la princesa. Contaban
algunos trovadores y mercaderes que andaban de paso que el dragón y la princesa
estaban aliados ya que uno buscaba al caballero más fuerte y la otra buscaba a
alguien que la amase ya que por más justas que hacía su padre y lo bien
valorada que era entre las demás damas y princesas de reinos adyacentes, por
mas buena fama y honra que para ella y su reino conseguía, nadie daba un
maravedí por ella... así que por lo visto le permitió al dragón no solo
quedarse y asediar la ciudad si no que le permitiría permanecer incluso si era
derrotado para que se siguiera probando, luchando en su causa por encontrar a
alguien de buen corazón que quisiese por lo menos conocerla.
Pese
al “lol” y al asombro, nuestro asombrado caballero continuó su marcha hasta
llegar al condenado castillo, cuya silueta en la oscuridad se mostraba
imponente, solo alumbrado por las antorchas repartidas a lo largo de sus
almenas, pues era de noche, y al llegar los guardias le dijeron que el dragón
solo aparecía por las mañanas.
Nada;
se fue a una posada cercana y volvió a escuchar de boca del tabernero (natural
de la zona) la misma historia de la princesa Mëria, que así se llamaba, y su
peculiar pacto con aquel que los tenia asediados.
Llegó
el día y con él, el encuentro con el dragón. No era el único, muchos habían
venido desde otros lugares para derrotarlo y el patío donde se aparecía la
criatura de veras rebosaba. El cuerpo del susodicho era rojo, aunque la lámina
de sus alas era de un tono blanquecino que, según le diese el sol, daba la
sensación de ser plateadas. Se plantó delante del resto de caballeros haciéndoles
recordar a todos los aspirantes (ya que algunos habían llegado hace días) la
misma historia que de memoria se sabía. Tras esta presentación breve empezaron
los combates. Pero nadie lo conseguía, y
pese a logarlo, a la pobre Mëria la dejaban con las ganas ya que nadie tenía
ganas tras combatir el querer subir a la torre y pasar la segunda prueba...
En
esto que llegó su turno...
El
dragón le preguntó- ¿Eres fuerte? y él chico le dijo- Siempre quise serlo y por
ello he estado probándome todo este tiempo pero nadie me ha dado una
oportunidad digna hasta ahora, me gustaría que tú me probases.
Entablaron
batalla... El pobre Sämael si, era fuerte pero algo lento al esquivar y de
equilibrio algo endeble, cosa por la que siempre en el último momento perdía
siempre que peleaba. Con el dragón le pasó lo mismo, cayó y se levantó, cayó y
se levantó pero no conseguía atravesarle la espada en el corazón a través de
las duras escamas que poseía en el lomo, y el dragón cada vez que este lo
intentaba, de un zarpazo le hacía retroceder cayendo de nuevo al suelo...
cuando se dio por vencido le dio las gracias y se fue.
-Criatura,
ven aquí un momento.-Dijo una voz sensual desde la torre y el dragón ascendió
hasta el balcón donde la voz se había oído.
-¿Qué
queréis princesa, acaso se os acabó la paciencia?
-Bastante
creo yo. Los que te quedan son solo paja no creo que te duren mucho mas, y en
cuanto a mi creo que estoy en la misma situación que tú.-El dragón fijándose en
la princesa notó que su mirada se dirigía a la arcada de piedra que daba
entrada y salida a la plaza, lugar por donde había aparecido ese caballero
extraño y algo cabezón y por el cual este estaba saliendo siendo objeto de las
burlas y la falsa compasión del resto de aspirantes…
Justo
en ese momento, mientras Sämael salía y comenzaron las burlas, entonces el
dragón alzó el vuelo, trazando un circulo sobre la torre para después caer en
picado sobre los aspirantes haciéndolos polvo con una rápida llamarada quemando
a muchos y haciendo huir a otros. Eso si, no daño a los guardias ya que estos
estaban bajo el mando de la princesa.
Cuando
acabó de hacer esto, pasó por encima de nuestro personaje, y algo irónico se plantó delante de él cortándole
el camino que llevaba a la “Vía Real”, el camino principal del reino, y dijo-
Me parece que el resto de aspirantes acaban de cambiar de opinión, ¿querrías
probar una vez más?
-¿Y
por qué iba a hacerlo? Ya has visto que no he conseguido nada más que hacer el ridículo
y seguir fallando…-el dragón le cortó en seco-¿…Y quien ha dicho que hayas
fracasado? Muchos de los que estaban antes que tú caían presas del pavor con
solo ver mis garras o cuando los enviaba a tomar vientos simplemente no volvían
a probar. Tú en cambio has demostrado ser igual de testarudo que yo al caer y
levantarte más veces que cualquiera de esos juntos.
Por
lo menos, piénsatelo y decide si quieres volver a casa siendo un derrotado mas,
o quedarte y volver siendo aquel que consiguió aguantarme más tiempo, cosa que
ya es un signo de poseer esa tan ansiada fuerza que buscas...
Además…-añadió
mientras alzaba el vuelo para volver a la plaza-… alguien en esa torre me ha
dicho que eres digno de merecer la oportunidad...
Y
dicho esto regresó volando junto a la torre.
Sämael
le siguió con la mirada hasta ver como descendía detrás de los muros, señal que
ya había vuelto al lado de Mëria, la cual lo mas probable según pensaba él,
aguardaba en esa torre. Cuando el dragón dejó de ocupar su vista se quedó
pensando en medio del camino sobre que debía hacer.
Mientras
en la plaza…
-Princesa
he cumplido mi parte, ahora todo queda en sus manos.
-Gracias
por ello, Ignis. Por lo visto los dragones de veras que tienen más inteligencia
que los humanos y no al revés como nos han hecho creer siempre. Espero que elija
la opción que deseo, me gustaría saber cómo es él, parece tan distinto a todos
cuanto he conocido…
-Lo
es… algo me dice que el sentido de fuerza que él y yo buscamos lo hemos
encontrado aunque no se da cuenta de que lleva mucho tiempo siéndolo. Si
vuelve, le haré caer y levantar todas las veces que quiera hasta que lo
entienda.
Entonces,
el dragón oyó pasos de armadura acercándose a la plaza y descendió para dejar
de hablar con Mëria esperando al caballero que debería enfrentar esta vez
suponiendo que no fuese quien él esperaba que se volviese a presentar.
En ese momento, nuestro chico entró de nuevo
en la plaza. Fue entonces cuando caminando para volver a encarar a Ignis, el
dragón, Sämael alzó la mirada a la torre y vio a Mëria. Y claro; no era una
princesa tampoco al modo de las otras ya que aunque era algo rellenita, si que
poseía un buen tipo, cosa que añadida a esos ojos esmeralda que tenía, a juego
con el vestido y la tiara azul que llevaba sí que le entró en la cabeza las
historias oídas a lo largo del viaje acerca de su alianza con el dragón.
Y
para ser sinceros, por cómo era y por haber llevado a cabo esa locura ya la
princesita sí que los tenía bien puestos si había convencido a semejante bestia
para ayudarla en su propósito, definitivamente no debía de ser como el resto de
damas que él había conocido y eso, le atraía mucho…
Deseaba
conocerla pero no sabía que decirle…Entonces el dragón le habló y tuvo que
dejar de mirar arriba para centrarse de nuevo en la gran mole roja que tenía
delante de sí.
-¡Veo
que has vuelto! Eso me demuestra que estaba seguro de que no eras como el
resto. Permíteme que me presente, me llamo Ignis y busco al guerrero más fuerte
para derrotarlo dándole muerte y demostrarle asi a los humanos quienes son
superiores en realidad a la hora de la verdad ya que odio a esos cazadragones y
sus trampas.
-Gusto
en conocerte Ignis, mi nombre es Sämael, al igual que tu vengo para probar mi
autentica valía -una vez más-, me alegro que me concedas ese honor y si me vences,
justamente te dejaré darme muerte reconociendo tu fuerza como tu de entrada me
has concedido el reconocimiento de ser tu rival, pero antes que eso me gustaría
aplazar el combate por un rato.
Entonces
el joven le pidió un momento a la bestia y se dirigió a la torre donde habitaba
la carismática princesa...
El
ascenso por la torre fue duro, nunca sabía cuando iba a acabar y parecía una ilusión
continua ya que había puertas falsas que daban al exterior con el propósito de
que si el enemigo entrase por la fuerza se llevase una sorpresa despeñándose desde
los pisos más altos.
Cuando
abrió la puerta verdadera que daba a la habitación del torreón, lo que vio ante
si era a la misma chica del vestido azul que durante toda la mañana había
estado presenciando como había caído y levantado una y otra vez ante el dragón.
Era
de aspecto sencillo (como se describió antes) pero muy guapa para el gusto de
él aunque su belleza no era lo que precisamente le había interesado desde que
pisó el reino si no precisamente su decisión y arrojo al crear semejante
prueba.
Cuando
ella lo vio a él se encontró con un chico de estatura normal, tirando para
bajito, castaño todo él, pero que (y ya lo sabía tras ver el combate, caminaba
de una forma normal pero curiosa).
Algo
dentro de ella le decía que él tenía el corazón que buscaba y algo dentro de él
le decía que ella era la que si le podía comprender y dar su mano como a la vez
reconocerle como un caballero como otro más.
-Tú…
¡Tú eres el chico de esta mañana…!-empezó diciéndole ella a modo de entrada
para ocultar su timidez-¿Qué haces aquí, no te habías ido?
-Gusto
en conoceros princesa Mëria-dijo él haciendo la correspondiente reverencia mirando
al suelo para ocultar también sus propios nervios.-Es verdad que me fui, pero
hace poco, vuestro amigo el dragón se plantó delante de mí y me hizo cambiar de
opinión. –Acabando esto, se levantó y las miradas se cruzaron.-Entonces deberíais
estar combatiendo… ¿Por qué habéis decidido subir primero?-Preguntó extrañada.
-He
decidido subir porque resulta que vuestro dragón, sí, busca al oponente más
fuerte, pero como promesa el vencedor ha de arrebatarle la vida al otro, así
que viendo el resultado anterior, antes que morir sin conoceros por lo menos
prefiero morir llevando conmigo ese placer… Pocas princesas como tu he visto
que hayan conseguido aliarse con un ser así y mantener dicha alianza durante un
tiempo considerable porque desde que emprendí el viaje hasta llegar al pie de
vuestra torre han pasado unos cuantos meses…
-Si…
bastantes, pero ni el ni yo hemos encontrado lo que buscábamos, hasta ahora…
Y
continuaron con la charla… Fue tanta que
cuando acabaron era bien entrada la noche por lo que el dragón les dijo que se
retiraba a su guarida aunque prometió volver para finalizar el duelo pendiente a
la mañana como de costumbre.
Cuando
el gallo cantó, ambos aun estaban embebidos en los ojos de su contrario, aunque
el estrépito del ave los sacó del ensueño. "Me olvidaba, aún tengo el
duelo pendiente con el dragón.."-dijo Sämael-¿Y cómo piensas combatirle,
cada vez que te acercas a golpearle te hace retroceder además...?-le cortó
Mëria.-"Pues no lo sé pero el caso es que tengo que bajar y continuar
intentándolo...-¿Si vences…volverás...?
-¿Por
ti? ¡Pues claro, no he recorrido todo este camino para ahora encontrarme a
alguien como tú e irme sin más! Además, todo buen aspirante a caballero sueña
con que le impongan el título, y si es de la mano de una buena dama...ya ni
hablamos...
Entonces,
Mëria fue corriendo a un baúl cercano en busca de algo que pudiera ayudarle en
el combate contra el dragón. Como ella misma dijo después, esa torre era la
elegida por su padre como armería en ocasiones de guerra, y ese arcón era suyo
aunque de lo viejo que era no tenia seguro y se podía abrir.
De
ahí ella sacó dos cadenas y apenada se fue a él y dijo: -Solo he encontrado
esto...y a él se le iluminaron los ojos-¡Acabáis de darme una gran idea princesa!
y tomando las cadenas a la vez que ella le daba un sonoro beso, bajó las
escaleras de la torre dispuesto (y con más fuerza si cabe) para enfrentarse a
Ignis, que ya le esperaba
-Aquí
estoy de nuevo! le dijo a él. A lo que el muchacho le respondió, -Ya bueno…He
de cumplir con el trato… ¿Empezamos? El dragón en realidad estaba algo
confundido por ver a Sämael con las dos cadenas de Mëria enroscadas en sus
brazos pero como vio que el seguía intentando atacarle con la espada tal y como
hizo el día anterior pensó que eran un simple amuleto que la princesa le había
dado como prueba de suerte.
En
esto estaban cuando al cambiar de estrategia por querer sorprender al enamorado
caballero, el dragón fue a asestarle de frente un cabezazo para lanzarlo por
los aires con la intención de abrir las fauces y comérselo. Pero Sämael estaba esperando
ese momento desde que Mëria le diese las cadenas. Esquivó a Ignis, soltó las
cadenas y las pasó por su cuello, atándolo.
Al
hacer esto el dragón forcejeó, pero él usando su fuerza y tirando hacia sí
haciendo peso muerto no se movía gracias a la tensión que ejercían estas entre
el dragón y el humano. Por lo cual al rato de ver el dragón que no se podía
liberar se dio por derrotado y permitió que el caballero le matase como así también
le jadeaban los asombrados guardias.
Pero
en vez de eso, este se subió encima y le dijo: Te perdono la vida a cambio de
que siempre estés conmigo y me ayudes a proteger aquello que más amo.- entonces
este aceptó y como primera orden, Sämael, a lomos del dragón le pidió subir
volando hasta el balcón de Mëria para declararle su victoria.
El
dragón le afirmó a la princesa que era cierto que Sämael ganó la contienda ya
que Mëria bien por miedo, bien por timidez no vio ese combate. Entonces la
cogió en brazos y la subió con él y juntos volaron a Ceriedes, el reino de Sämael
para probar a todos que la fuerza y la belleza no es lo que todos piensan (allí
el dragón también quemó a unos cuantos tontacos ;) ) y juntos vivieron felices
hasta el fin de sus días siendo su historia cantada y celebrada por los
trovadores en ambos reinos desde esos días.
Fdo:
Samuel
Encinas Salgado
(Dedicado
a la persona que hace un mes cambió mi vida)
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