Pez de secano
Últimamente hay gente que se
sorprende de que en vez de hacer cosas de “gente normal”, prefiera, para el
poco tiempo que me da esta muerte en vida que son las oposiciones, quedarme
pasando la barrera de los cuarenta grados en mi pequeña ciudad feliz, que irme
al cementerio de elefantes con agua salada que es Sabinillas.
Que si, que es muy cuqui, tiene playa y hay guiris. Pero es
un lugar más pensado para el retiro que para vivir “aventuras de verano” y
descubrir algo nuevo.
Puede que el estar todo el rato en la pecera que se ha convertido
mi piscina no sea emocionante, pero cuando hay algún plan con mis amigos,
movernos entre las calles y pasear por las corrientes del océano de asfalto hasta
llegar a parar en un buen garito y echarnos unas risas no tiene precio.
Allí en cambio estoy solo y la diferencia que tengo con mi perro
es que yo no tengo cadena.
Por eso, y por otras muchas cosas, espero que se enteren de
que yo ya no quiero ser como el resto de esos peces que van por ahí pensando en
tener una vida normal recalando en un pueblo para solo dar paseos y sentir que
no pasa nada.
Por eso, aunque les moleste (nunca un hijo salió igual a sus
padres) si he de quedarme aquí, lo haré ya que por mis amigos soy capaz de pasar
de ser un pez de playa y mar, a ser simplemente un pez de secano.
Fdo:
Samuel Encinas Salgado
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