Recuerdos de Cittàgazze
[…]-Si no eres de
este mundo, ¿dónde está el tuyo? ¿Cómo llegaste aquí?- inquirió el niño tras
salir a la terraza con el tazón.
-Por un puente. Mi
padre tendió ese puente y… yo lo crucé tras él. Sin embargo él se marchó a otra
parte, no sé adónde. No importa. […]
[…] Will dirigió
la vista hacia la costa y más allá del faro atisbó una larga cadena de
acantilados de perfiles difuminados por la neblina y la distancia.
-Poco después
vimos la ciudad y bajamos. No encontramos a nadie aquí, aunque al menos había
comida y camas para dormir. No sabíamos qué más hacer. […]
[…] Se equivocaba.
Por una de las calles que descendían hacia el puerto aparecieron dos personas,
una chiquilla de la edad de Lyra y un niño más pequeño. […] Los dos
desconocidos se aproximaron y tomaron asiento a una mesa cercana.
-¿Sois de Ci’gazze?
Preguntó la niña.
Will negó con la
cabeza.
-¿De Sant’Elia?
-No-contestó Lyra-.
Somos de otra parte. […]
-¿Qué ocurre aquí?-preguntó
Will-. ¿Dónde están los mayores?
-¿No han ido los
espantos a vuestra ciudad?- inquirió a su vez la chiquilla con gesto de extrañeza
[…]
Phillip Pullman, La
daga (Saga Luces del Norte)
Ci’gazze o Cittàgazze es
una ciudad ficticia de una de las dimensiones de este libro, cuya peculiaridad
es que ha quedado habitada tan solo por los niños. A los adultos se los llevan “los
espantos”, una especie de seres fantasmagóricos que les ataca como si fuese un
virus el cual llega en el paso de la vida adulta o durante ella y les absorbe “la
vida”. A los atacados, los deja inertes, idos, sin esperanza… y los niños lo
disfrutan porque salen a la calle sin control, la ciudad es suya. Con todo lo
que nos está sucediendo, que el Gobierno dijese que iba a dejar salir a los
niños me hizo temblar de escalofrío pensando tan solo en las imágenes de Cittàgazze.
En parte es como si los
espantos de verdad hubiesen venido, la fantasía se ha vuelto cruda realidad y
mientras escribo estas líneas camino de mi trigésimo primer cumpleaños, una vez
que ya mi adulto interior había despertado, me siento perseguido por esos mismos
espantos que no solo nos han golpeado antes, han vuelto con un ansia de arrebatar todo cuanto es bueno hasta su último arrebato de existencia; llevándose la vida de
aquellos que construyeron este mundo, encerrando a quienes queremos continuar
su legado e incluso, condenando a generaciones posteriores a vagar ignorantes
en su felicidad creyendo que el descontrol hará que todo funcione, que la solemne
torre que guía y ancla a toda la ciudad de Citàgazze seguirá en pie, que lo de
los espantos no va con ellos.
Nunca pensé que saldría a
la calle con miedo, que sentiría el vacío y que me vería como Lyra y Will
paseando con mi daimonion (en este caso mi fiel perro Nando) con la
sensación de haber atravesado una barrera hacia un mundo distinto al mío, hacia
una obra de ficción demasiado real, la cual, de cerrar los ojos en el proceso
ya no distingo.
De entre todos los
posibles mundos, tuve que ver Citàgazze, el Nunca Jamás urbano y
retorcido que la humanidad de esa ficción creó y que ahora está presente cada
vez que sale y se pone el sol, no sabiendo si en cada barandilla, en cada paso
o esquina, detrás de un vecino… encontraré al espanto.
Ahora más que nunca, desearía
ser el portador de la Daga Sutil para abrir un portal y lanzar por él estas
inquietudes, estos miedos y este futuro en bruma el cual me aterra más que la
oscuridad que mora en mis adentros (al menos a esa la conozco bien y la manejo).
¡Bendita fantasía, en mi
próxima vida dame una visión de próspero cuento!
Samuel Encinas Salgado
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